Cien años después y a vueltas con la Historia de Canarias

CIEN AÑOS DESPUÉS Y A VUELTAS CON LA HISTORIA DE CANARIAS

Manuel A. Fariña González, profesor de Historia de América en la Universidad de La Laguna.

Cuando este libro –carísimo lector– llegue a sus manos, su lectura me servirá de oración fúnebre y su crítica o censura de mortaja. El valor que me faltó en vida para publicar mis impresiones y la enseñanza que recibí de la generación que me cupo en suerte conocer, me sobra en la postrimería de mi contrariada existencia para legarlas a mis paisanos a guisa de testamento. (Juan Bethencourt Alfonso. Prólogo de: Fisiología social de Santa Cruz de Tenerife)

                Después de tres décadas hablando del Dr. Bethencourt Alfonso,  la vida y obra de este singular personaje aún nos suscitan diversos interrogantes y enseñanzas. En la cita anterior y con motivo de su encargo docente en el Establecimiento de Segunda Enseñanza de Santa Cruz de Tenerife, adscrito al Instituto de Canarias en La Laguna, nuestro profesor legaba para sus alumnos un sentido compendio de su dedicación a la Historia y la Antropología. No era ajeno a las críticas sociales que le iban llegando: unas veces justificadas y otras, no; pero lo lamentable es que esta situación ha venido arrastrándose hasta la actualidad, cien años después...

En esa cita JUBEAL refleja la mayor prueba de su humildad intelectual cuando alude a la enseñanza que recibí de la generación que me cupo en suerte conocer. Por lo tanto, la anterior frase resume la ingente labor realizada desde la distribución y posterior publicación de su Circular y Cuestionario de las Islas Canarias (1884) hasta pocos meses antes de su fallecimiento (1913). En esta publicación asume, con total fidelidad, las famosas Nueve Bases del Folk-Lore Español que habían sido enunciadas con anterioridad (1881) por los ilustres etnólogos sevillanos: D. Alejandro Guichot y Sierra[1] y su más directo colaborador, Demófilo, que no era otro que D. Antonio Machado y Álvarez. En Canarias, y en cuanto al respeto hacia la Cultura Popular Tradicional, hay que contar, guste o no, con la aportación y el trabajo impagable del Dr. D. Juan Bethencourt Alfonso. Esa identificación con la Tradición Oral y su utilización como recurso científico, fue avalada y contrastada por las numerosas investigaciones y excavaciones arqueológicas que llevó a cabo en el Archipiélago, así como por la consulta de fondos documentales escritos, conservados  no solo en archivos públicos sino también en varios de titularidad privada, entre los que se encuentra alguno ya desaparecido.

Y en el colofón de la misma cita figura otra prueba: la de su generosidad sin límites. Después de certificar su contrariada existencia, referida tanto a lo personal como a lo social y político, lega a sus paisanos de las generaciones que lo iban a suceder un sencillo regalo que denomina impresiones y la enseñanza recibida…, cuando de lo que se trata, en realidad,  es de su monumental obra titulada Historia del Pueblo Guanche, de sus numerosos artículos periodísticos, de sus Materiales para el Folk-Lore Canario, o de sus trabajos sobre Higiene y Fisiología Social y Medicina. Entre esa magna obra merece  especial atención su aún inédito Diario o Efemérides de 1898 que fue elaborando personalmente –como corresponde– con recortes de prensa y anotaciones autógrafas. La pérdida de Cuba, isla con la que mantenía especial vinculación familiar e intelectual, supuso el remache definitivo para precipitar un estado de desánimo general que, por supuesto, a él también lo venía afectando y  carcomiendo. Esa frustración, en este caso también personal, lo llevó a escribir las siguientes palabras:

            La fuerza del atavismo me arrastra.

Quisiera verme libre de este ambiente social, solo, cuidando cabras, como un guanche, respirando los aires de Guajara. ¡Estoy harto de mentiras y miserias!

No sabía bien JUBEAL cuánta razón anidaba en esas proféticas palabras aún hoy en día, cien años después de su enterramiento. En general, la situación de los yacimientos que exploró o las circunstancias que presenta en la actualidad el Patrimonio Cultural Inmaterial de Canarias, que él conoció de primera mano, nos hacen certificar dos cuestiones: por una parte,  la no publicación de sus Materiales para el Folk-Lore Canario ha impedido que las actuales generaciones desconozcan ese legado tradicional, originándose con ello el consiguiente desenfoque científico, aplicado en algunos casos por los autodenominados “rescatadores”,  y ofreciendo como resultados un supuesto conocimiento, o bien una imagen desfigurada de la Cultura Popular Tradicional[2]; por otra, bastantes enclaves arqueológicos citados por Bethencourt Alfonso  son, en gran medida, desconocidos, cuando no han sufrido ya el expolio y el abandono.

La persona

            Dado que ya es conocida la biografía de D. Juan, a través de  nuestras propias publicaciones o la de otros autores, no vamos a detenernos en ella, si bien nos gustaría destacar un aspecto inédito de la misma. Se trata de cómo vivió su infancia y madurez lejos de la figura paterna, puesto que D. Juan Bethencourt Medina, desde bien pronto, emigró a Cuba, por lo cual tuvo que ser criado y educado, a partir de entonces por su madre, D.ª Clara Alfonso Feo y por sus hermanos, tíos y abuelos. Quizás esa añorada presencia paterna  le hizo más fuerte emocionalmente, permitiéndole afianzar su acendrado sentido familiar, como queda bien patente en la cita siguiente:

Es tan vivo este sentimiento, tan necesario al temple de mi espíritu, como el que experimento por mi madre y por mis hijos; y así como estos seres queridos, a pesar de sus defectos, no hay persona alguna que pueda sustituirlos en el altar. Cita autógrafa de Bethencourt Alfonso

Ese sentimiento de amor a su madre y a sus dos hermanos: José y Cipriano Hernández Alfonso, lo acompañó toda su vida, como queda perfectamente escrito en su testamento hológrafo, firmado en Santa Cruz de Tenerife el día 4 de junio de 1904.

Cuarto: Si me sobreviviere mi madre, impongo a mi esposa e hijos la obligación de atenderla en sus necesidades, así como les recomiendo con toda eficacia que auxilien, si preciso fuere, a mis dos hermanos José y Cipriano Hernández Alfonso, pues a ellos les debo todo

En el cúmulo de anécdotas, algunas totalmente infundadas, sobre la relación que tuvo D. Juan con su pueblo natal, así como su presumible “desapego”, debemos comentar que, muy al contrario, a través de sus escritos no se atisba ese sentimiento de desprecio hacia los suyos, ni entraba en sus planes el olvido de la reseca tierra chasnera o de su Canarias, en general. Su incuestionable capacidad de entrega a la investigación científica y de identificación con sus raíces familiares fue reconocida, además,  por alguno de sus parientes. Es el caso de su primo –D. Antonio Domínguez Alfonso[3]– quien, en su carta de setiembre de 1900, le dedicó una bellísima frase que habla bien a las claras de cuál fue el papel de D. Juan Bethencourt Alfonso en el conocimiento y amor por el terruño:

            Querido primo: Quien pase por Canarias sin explorar tu espíritu no lo habrá profundizado en el alma y en las tradiciones de nuestro pueblo. Por eso para esta ocasión no vale arrinconarte entre tus papelotes. Para la obra patriótica de renacimiento de Canarias ante nuestra patria, para esa labor de ilustración y mutua comunicación mental de necesaria comunión espiritual de Canarias y la Península española, va este requerimiento y presentación de mis amigos D. Lorenzo Cabrera, paisano nuestro y escritor muy distinguido y el eminente periodista D. Cristóbal de Castro en viaje por el Archipiélago con tan nobilísimo propósito. Para esa empresa tienen tras de si El Heraldo, El Liberal y El Imparcial, como es precisamente dicho la Sociedad propietaria de esos tres periódicos los primeros con mucho de Madrid. Te agradecería todas las atenciones que les dediques. Tu afm.º Antonio.

            Este mismo aprecio lo refleja  su pariente: D. José Alayón Medina, cuando, en otro informe que está fechado en La Laguna el día 26 de junio de 1896, le confirma su respectiva ascendencia de sangre normanda y guanche:

 Según mis noticias nosotros tenemos por progenitores de raza indígena, entre otros a Guadarfía, rey de Lanzarote cuando la conquista del nombrado Juan de Bethencourt.., a los Guanartemes de Canaria y a los menceyes de Tahoro, Abona, Adeje, Güímar y Tacoronte. Doy a V. esta noticia a título de curiosidad…

Por último, con motivo de una comida familiar que organizó D.ª Antonia, esposa del sr. Tavío (creemos que se celebró en la zona de Guayero, parte baja de Vilaflor),  se conservan unas Coplas, de autor anónimo, tituladas con el sorprendente título: A la sombra de un Almácigo, después de citarse la presencia de sus hijos María y Juan Bethencourt Herrera, se describe la entrada en escena de D. Juan al final de la jornada festiva:

Al final llegó Dn. Juan

Que era también convidado

¡Temió que Antonia creyera

Que la había desairado!

 

Elogió mucho el festín

Y prodigó muchas flores

Recetando de su vino[4

¡A tan grandes bebedores!

             

            El testamento hológrafo, citado anteriormente, cuyas cláusulas no coinciden completamente con las del último que se otorgó en Santa Cruz de Tenerife, el 25 de agosto de 1913 ante D. Rafael Calzadilla, constituye un ejemplo de la dignidad, prudencia y discreción de D. Juan Bethencourt. Después de declarar su matrimonio legítimo con D.ª Carmen, menciona  los hijos habidos en el mismo, que fueron: D.ª Carmen (casada con D. Luis Moreno Alcántara), D.ª María (casada con D. Antonio Vivanco Santillán) y Juan Bethencourt Herrera (casado, posteriormente a 1913, con  D.ª Águeda Fumero García). Una vez establecido  el usufructo vitalicio de  bienes y derechos para la viuda, pide a sus hijos su total consentimiento para la aplicación de dicho régimen jurídico y el propio testamentario manifiesta: no sólo por respeto a mi memoria, sino en consideración a que a disponerlo así me mueve un sentimiento de justicia y de verdadero interés a favor de todos.[5] En la siguiente cláusula valora el trabajo personal de su hijo Juan que le ayudaba en su empresa agrícola –radicada en Arona y Vilaflor– mediante la cual lo mejoraba en una sexta parte en todos los bienes inmuebles que poseía el testador en los pueblos referidos, incluyendo las aguas, embalses y atargeas; también lo mejoró en el conjunto de bienes muebles y semovientes que estaban registrados en ambas jurisdicciones, así como en la huerta o finquita, con su cuarto de día de agua y mitad de la casa que poseo en el casco de Vilaflor y en todos los derechos al antiguo granero de Guayero. Dicha mejora sería imputable al tercio de la herencia. Especificada esta cuestión nombra por sus únicos y universales herederos a sus tres hijos legítimos ya citados. Pero lo que define claramente el talante de D. Juan Bethencourt Alfonso es la primera cláusula del citado documento hológrafo:

Primero: Deseo que al ocurrir mi fallecimiento ni se me hagan funerales, ni se anuncien ni circulen invitaciones, sino que se entierre mi cuerpo oscuramente…

El científico

¿Cuál es la formación científica de este investigador[6]? Hay toda una serie de circunstancias que fueron cristalizando en la época de Bethencourt Alfonso y que coadyuvaron a la solidez de su formación científica. Como primer dato es preciso reseñar que en el último tercio del siglo XIX  la Antropología Física experimentó un considerable impulso, relacionado con las nuevas investigaciones que en Europa se llevaban a cabo sobre la raza humana de Cro-Magnon.

                En este sentido debemos recordar que ya en fechas muy tempranas, como era el año 1878, en un discurso de apertura de curso en el Establecimiento de Segunda Enseñanza, se interesaba y requería la atención de su alumnado de Historia Natural sobre la utilidad de la ciencia antropológica o el darwinismo, y también lo introducía en la idea de progreso intelectual en los siguientes términos:

“Dos palabras, no más, para concluir. Es muy común en nuestro país, por estar alejado y por no seguir el movimiento científico de esos grandes centros, donde la actividad intelectual realiza, con asombro del mundo, grandiosos y admirables descubrimientos, condenar, sin oir, toda idea nueva, toda innovación, partiendo del supuesto de que son antirreligiosas. En conducta de censurar, escudada en la ignorancia; de negar, sin procurar saber; de prejuzgar, no estudiando, ha tenido el triste privilegio de matar todo progreso científico en nuestra provincia, matando a la vez, el fundamento de nuestra propia felicidad. No sigáis, pues, tan pernicioso ejemplo[7]

    

Tal dedicación docente lo llevará a crear un pequeño museo, dentro del citado Establecimiento de Segunda Enseñanza, para realizar prácticas en Historia Natural, Fisiología Social, Arqueología, Historia… Posteriormente veremos a alguno de sus alumnos aplicando el conocimiento práctico de estas materias en varias comisiones del Gabinete Científico (como fue el caso de D. Juan Gutiérrez o D. Felipe Rodríguez, ambos de Adeje).

Como un anexo al Establecimiento de Segunda Enseñanza se fundó el Gabinete Científico de Santa Cruz de Tenerife[8] en setiembre de 1877 y un año después se inauguró el Museo Antropológico. Como académicos figuraban: Antonio Domínguez, Eladio Alfonso, los hermanos Maffiotte, Aurelio Pérez Zamora, Rosendo García Ramos y Teodomiro Robayna. Contaba, asimismo, con una pequeña red de corresponsales que se distribuían, en Tenerife, por Taco, El Chorrillo, Barranco Grande, El Rosario, Candelaria, Adeje, Puerto de la Cruz, así como en La Gomera (Salvador Padilla) y Fuerteventura (Ramón Castañeyra).

De los materiales arqueológicos recopilados para el Gabinete, en torno al 60% corresponde a la acción directa de D. Juan Bethencourt Alfonso y sus más directos colaboradores; el resto tiene su origen en diversas donaciones como las de Le Brun, Juan de la Puerta Canseco, etc. La única colección de armas, añepas y bastones que se conservan en las Islas se debe a la investigación personal de D. Juan, que las rescató de distintos yacimientos arqueológicos.[9] Una de las mejores descripciones de su metodología de trabajo es la que se conserva de su hija María, quien tuvo la entereza y fuerza suficientes para redactar la siguiente nota:

                                                                                                                                          

 Nació Dn. Juan Bethencourt Alfonso el año 1847 y murió en Agosto del 1913.

      Hombre de espíritu correctísimo, de clara inteligencia, estudioso, incansable investigador de los aborígenes guanches, dedicó la mayor parte de su vida al ingrato trabajo de bucear en el pasado y seguir cuanta pista esperara descubrir en esta Isla, el Hierro y la Gomera, etc. En donde muchas ocasiones puso su vida en peligro descendiendo al fondo de profundas cuevas y escondrijos o colgado de una cuerda en busca de las curiosas e interesantes evidencias antropológicas.

+ el 29 de Agosto de 1913 (Santa Cruz de Tenerife)

/Nota autógrafa de María Bethencourt Herrera, fol.º rt.º y vt.º./                                             

 

        Entre la documentación del dr. Bethencourt Alfonso se conserva un oficio remitido desde la Alcaldía de Santa Cruz de Tenerife, con fecha 2 de enero de 1903, en el que se le comunicaba la propuesta de la Comisión Permanente de Instrucción Pública para habilitar debidamente el local en el exconvento de San Francisco, en que se encontraba el archivo, con objeto de que con los importantes elementos de la Colección antropológica que V. posee, con la colección de minerales de Canarias que acaba de adquirirse y con otras colecciones que se obtengan, pudieran ponerse los cimientos de un museo que honraría a la Capital de Canarias. Este documento oficial termina con el ruego a Bethencourt Alfonso de que se pronunciara al respecto. Dado que por la Navidad de 1908 la ciudad de Santa Cruz ya contaba con varios museos o secciones del Museo Municipal en el citado exconvento, que había sido uno de los afectados por la Desamortización de Mendizábal, la respuesta fue positiva, y, por la misma fecha, aparece como Director del Museo Municipal D. Teodomiro Robayna, el ya mencionado antiguo alumno y colaborador de D. Juan Bethencourt.

Si bien ya ha sido comentado en otro lugar, valdría la pena comentar la trascendencia de la labor realizada por D. Juan en el ámbito de la Historia. El punto de partida fue sus ya reiterados Circular y Cuestionario de las Islas Canarias[10] (1884), con dicha herramienta trataba de recoger la información oral conservada a través del tiempo y que se refería a dos periodos históricos perfectamente definidos: Antecedentes relativos a una época anterior o coetánea a la conquista y Antecedentes posteriores a la conquista que se conservan por tradición, y forman parte de las costumbres y creencias actuales.

La metodología utilizada por nuestro autor fue contrastar y documentar la tradición oral con el rastreo intensivo de fuentes documentales dispersas por todo el Archipiélago Canario, a la que unió su rica experiencia del trabajo de campo en las investigaciones arqueológicas. Los datos extraídos de los archivos insulares, adquieren especial interés si tenemos en cuenta que a lo largo del tiempo son muchos los factores que inciden en la desaparición de los documentos históricos, siendo uno de los más temidos el fuego. En este sentido hay que aclarar que Bethencourt Alfonso logró trabajar en colecciones documentales depositadas en archivos hoy destruidos por los incendios. No obstante, hay que citar también su trabajo minucioso en los archivos eclesiásticos y en colecciones particulares.

La valoración que se ha hecho del trabajo de D. Juan Bethencourt Alfonso, desde 1912 hasta, al menos, la década de 1990, ha sido diversa y contradictoria como lo fue también la personalidad de nuestro biografiado. Desde quienes lo han marginado hasta los que lo han intentado utilizar o manipular con fines personales y políticos. No todo ha sido sombrío, también existe un notable grupo de personas, dentro y fuera de las Islas, que conscientes del valor del trabajo realizado por el científico canario, ha apoyado constantemente la iniciativa de editar sus obras completas. Desde nuestra perspectiva, lo que queremos añadir es que no debemos analizar la obra de Historia del Pueblo Guanche fuera del contexto en que se redactó, tampoco debemos exigirle más de lo debido a D. Juan Bethencourt, o, al menos, al mismo nivel que el aplicado para alguno de sus más prestigiosos coetáneos: Dr. Gregorio Chil y Naranjo.

Desde esta pequeña aportación, a los actos del centenario del fallecimiento de D. Juan, queremos agradecer al Ayuntamiento de San Miguel de Abona el gesto que le honra por reconocer los méritos de uno de sus hijos más ilustres. Felicitación que hacemos extensiva a las familias Bethencourt-Alfonso por apoyar esta y otras iniciativas de futuro, a las que le auguramos un notable éxito cultural. Canarias necesita convertirse en una Tierra que agasaje a todos sus hijos.

 

San Cristóbal de La Laguna a 20 de mayo de 2013


[1] En carta fechada el 8 de octubre de 1885, en Sevilla, y con membrete de la Biblioteca y Boletín del Folk-Lore Español, D. Alejandro Guichot y Sierra se interesaba por los trabajos científicos del Dr. Bethencourt Alfonso; aprovechando la misiva anterior de JUBEAL en la que le mostraba su inquietud porque sus colegas gaditanos lo consideraran Presidente del F. (Folk-Lore) C. (Canario), D. Alejandro le manifestaba su opinión al respecto: A mi juicio, no es cosa que deba preocuparle mucho, pues con decir que no lo es y que el centro aún no está organizado ya se arregló todo. Su propia modestia le hace decir que no puede prestar más que ayuda mecánica… Sin embargo, en nuestra opinión, lo más interesante y jugoso de la referida carta se nos relata en el párrafo siguiente: Deseo que arregle pronto el material que reúna. Un tomo de la Biblioteca acerca del F. L. Canario sería muy curioso. Para hacerlo tiene V. ya una base muy propia y útil: el Cuestionario. Como aún no está explotado el trabajo le ha de sobrar materia y documentos y observaciones. Con un poco de buena voluntad y constancia puede hacerse, y aprovechar para ello el tiempo que dejen libre las ocupaciones. Todos los amigos pueden hacerle observaciones, los eruditos y hombres de ciencia darle datos. Poco a poco se lo encuentra hecho. Si las fuerzas de V. no alcanzan para hacer una obra perfecta, que de todos modos no resultaría, otros se encargarán de irla perfeccionando, añadiendo y enriqueciendo. V. mismo con el tiempo. Todo consiste en que uno empiece. Solo siento que nuestra empresa sea pobre y no pueda ofrecer más que ejemplares de la obra...

Carta de Alejandro Guichot y Sierra a Juan Bethencourt Alfonso. Sevilla, 8 de octubre de 1885, fol.º vt.º /Archivo Herederos de Bethencourt Alfonso, depositado en la Biblioteca General Universitaria de La Laguna/

[2] También hay que reconocer la labor callada de diversos investigadores y estudiosos de tal Cultura Popular Tradicional que han tratado, a costa de mucho esfuerzo, de mantener la llama encendida del estudio científico y riguroso de dicha Cultural Oral: autores de la talla de D. José Pérez Vidal, D. Juan Régulo Pérez, D. Telesforo Bravo, D. Luis Diego Cuscoy, D.ª M.ª Rosa Alonso,   D. Juan Álvarez, D. Agustín Espinosa, etc. Todos ellos merecen aparecer en esa lista de personas dedicadas al estudio científico y respetuoso del Patrimonio Cultural Popular, en una época en que era muy complicado dedicarse a estos temas alejados de la “oficialidad”.

[3] Quien actuaría, en calidad de abogado, como jurista encargado para culminar el reparto de la herencia de las hermanas: Emilia, Francisca y Carmen Herrera y Goiry (esta última fue la esposa de D. juan Bethencourt Alfonso).

[4] Subrayado nuestro.

[5] Cláusula sexta, testamento hológrafo (1904)

[6] Manuel A. Fariña González. “El Doctor D. Juan Bethencourt Alfonso o el Compromiso con Canarias”,  en Gaceta de Canarias. Santa Cruz de Tenerife y Las Palmas de Gran Canaria, Grupo Editorial Canario, 1983, n.º 5, pp. 26-40

[7] Ibídem, pág. 30

[8]  Entidad fundada en 1 de mayo de 1878 bajo la presidencia de Juan  Bethencourt. La formaban Melchor Fernández, Felipe Rodríguez, Leandro Serra y Fernández de Moratín. Dejó de existir como tal en 1903. Vid: María Gallardo Peña “Los orígenes del Museo Municipal de Bellas Artes de Santa Cruz de Tenerife” en Anuario de Estudios Atlánticos, Madrid-Las Palmas, C.S.I.C.-Cabildo de Gran Canaria, 1992, n.º 38, pág.  481.

[9]  Información ofrecida por el ilustre arqueólogo y Director del Museo Arqueológico de Tenerife: D. Luis Diego Cuscoy, en la conferencia impartida, durante el V Ciclo Cultural (1981), en la antigua Escuela Universitaria de Formación del Profesorado de La Laguna.

[10] Publicado en Costumbres Populares Canarias de Nacimiento, Matrimonio y Muerte. Santa Cruz de Tenerife: Cabildo Insular de Tenerife, 1985, pp. 15-16

EL HOMBRE

                  

   "La fuerza del atavismo me arrastra. Quisiera verme libre se este ambiente Social. Solo, cuidando de cabras como un guanche, Respirando los aires de Guajara: ¡Estoy Harto de mentiras y miseria!"

Bethencourt Alfonso, Juan: "Costumbres populares canarias de nacimiento, matrimonio y muerte", Cabildo Insular de Tenerife, 1985, Prólogo, p.8.